Más allá del Monte
Por el Rabino Gustavo Surazski
Nuevamente, leeremos en Parashát Va’etjanán acerca de la revelación en el Monte Sinaí y la entrega de la Toráh.
La revelación en el Sinaí, es sin duda alguna, uno de los hitos más relevantes en la historia del pueblo hebreo.
Desde entonces, nada ha sido igual.
No sólo hablo desde un punto de vista sociológico. Todos sabemos que, a partir de entonces, aquellas tribus errantes se transformaron en un pueblo.
Hablo desde un punto estrictamente místico.
La revelación del monte Sinaí fue la primera vez en la cual todos los hijos de Israel (en aquella generación y también en las generaciones venideras) apreciamos la santidad y la magnificencia de Dios en todo su esplendor.
Fue allí cuando (por primera y única vez) quedamos expuestos a la santidad de Dios en su máxima expresión.
El Sabio Rashí explica este fenómeno en su comentario a la Parasháh: “Desde entonces, Dios no volvió a revelarse en público de esa forma” (comentario a Devarím 5, 19). Y quien logra experimentar tamaña exposición a la santidad, se transforma -de hecho- en un hombre nuevo.
Existe un poderosísimo relato talmúdico referido a la destrucción del Sagrado Templo, que hemos rememoramos esta semana.
Se cuenta que cuando los romanos entraron al Segundo Sagrado Templo de Jerusalem, quisieron que un judío sea quien comience con el saqueo. A tal fin, llamaron a un judío llamado Yoséf Meshita y le prometieron que podía quedarse con todo aquello que escoja del botín.
Yoséf Meshita ingresó al Sagrado Templo y sacó de allí el candelabro de oro.
Cuando los romanos vieron lo que había escogido aquel judío consideraron que aquel candelabro era demasiado valioso para un hombre tan simple. Fue entonces que lo invitaron a ingresar al Sagrado Templo por segunda vez.
La segunda vez, Yoséf Meshita se negó a entrar. Según cuenta Rabí Pinjás en aquel midrásh, los romanos prometieron compensarlo con la recaudación impositiva de tres años, y él continuó negándose.
Los romanos vieron su negativa con muy malos ojos, y lo condenaron a una muerte de tormentos.
Comenzaron a torturarlo y Yoséf gritaba: "¡Ay de mí que he hecho enfadar a mi Creador!" (Bereshít Rabáh 65, 22).
¿Qué es lo que produjo semejante cambio en la personalidad de aquel hombre? ¿Cómo es posible que quien decidió saquear el Sagrado Templo sin remordimiento, haya cambiado tan radicalmente su parecer?
Dice el Rabí de Ponivetz que lo que cambió a Yoséf Meshita fue justamente su exposición a la santidad. El haber entrado en contacto con aquel lugar y aquel candelabro lo transformó en un hombre nuevo.
La exposición a la santidad es la razón por la cual colocamos respetuosamente en guenizót[1] los implementos sagrados.
Resulta evidente la razón por la cual no arrojamos a la basura una mezuzáh o un par de tefilín en desuso. ¿Pero por qué razón no hacerlo con las cajitas que contenían aquellos minúsculos rollos?
Ocurre que una cajita de metal o de plástico ordinario queda "contagiada" por la santidad del rollo que contuvo en su seno. De la misma forma que un retazo de tela recibe un carácter sagrado cuando cubre aquel Arca en el cual se depositan los sagrados rollos de la Toráh.
Desde una perspectiva mística, podríamos decir que la revelación del Monte Sinaí dio a los hijos de Israel ese estado de santidad que solo puede ser conferido por aquel que queda expuesto a semejante Revelación.
Israel acampó al borde de aquel monte durante casi un año (véase Bemidbár 10, 11 y el comentario de Rashí allí).
Es por ello, que llama muy especialmente la atención que Dios, prácticamente, expulse al pueblo de Israel de allí.
"El Eterno, nuestro Dios, nos habló en Jorév, diciendo: Bastante tiempo habéis permanecido en este monte" (Devarím 1, 6).
Por lo general, la señal que los hijos de Israel recibían para marchar era el alzamiento de las nubes de gloria. ¿Por qué Dios debía, además, utilizar semejante lenguaje para invitarlos a reiniciar la marcha?
La respuesta es que resulta difícil abandonar la santidad luego de exponernos a ella. La Toráh sugiere que los hijos de Israel tuvieron que partir de allí, prácticamente, por la fuerza.
Sin embargo, dicha exposición es un medio y no un fin en sí mismo. Quien se encuentra acampando en el borde del Monte Sinaí al momento de recibir la Toráh puede cometer el error de pensar que el mundo entero es el Sinaí.
Algo así me ocurrió luego de finalizar mis estudios rabínicos en Israel.
Durante dos años y medio, viví "al borde del Monte Sinaí", en un ambiente sagrado de Toráh y mitzvót. Nadie quiere abandonar el mar cuando el agua está tibia. Pero llegó el momento de partir.
Una de mis primeras experiencias rabínicas fue en una pequeñísima congregación en Centro-América. Allí, luego de acampar al borde del Sinaí durante largos meses, encontré congregantes que difícilmente podían reconocer las letras en hebreo.
Allí logré entender que mi experiencia "al borde del Sinaí" no era más que un medio para transmitir una mínima porción de aquella santidad a aquellos judíos con sed de Toráh.
"Bastante tiempo habéis permanecido en este monte", dice Dios al pueblo.
La reacción de Dios a pocos meses de recibida la Toráh no pretende ser más que una advertencia.
¡Ay de aquel que piense que todo el mundo es el Sinaí!
Por el contrario. El desafío está más allá del Sinaí, cuando logramos llevar las chispas de aquella santidad a la que nos vimos expuestos a los cuatro rincones de la tierra.
Gustavo Surazski - Rabino de la Comunidad Nétzaj Israel - Ashkelón
[1] La guenizáh (גניזה), plural guenizót (גניזות), es un depósito que tienen las sinagogas y yeshivót dedicado a almacenar los manuscritos y material sagrado que queda en desuso. Esto se efectúa no con el fin de conservarlos, sino de evitar que cualquier escrito que contenga el Nombre Divino sea tratado de manera indigna.
Cuando la guenizáh se llena, se retira el material, se quema y entierra. En El Cairo (Egipto) se encontró en el Siglo XIX una guenizáh con gran cantidad de manuscritos que han ayudado a los investigadores a tener material de estudio sobre fechas tempranas.
Resumen de Parashát Va'etjanán_Con Kfir Ben Yehudáh
Reflexión de Parashát Va'etjanán_Con Kfir Ben Yehudáh
Reflexión 2 Parashát Va'etjanán_Con Kfir Ben Yehudáh




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